El tener el negocio en casa, es más cómodo y además haces lo que te gusta sin jefes ni horarios a cumplir!!

Algunas por una necesidad personal de independencia, otras para ocupar sus horas muertas o muchas porque se les hace imposible combinar de una manera sana para todos el trabajo y la familia. Cualquiera sea el motivo, son cada vez más las mujeres que eligen quedarse en casa, pero generando ingresos. “Antes era empleada de una empresa de insumos de computación, pero cuando quedé embarazada de mi segundo hijo decidí renunciar porque no iba a poder con todo. Siempre quise hacer algo relacionado con los chicos y con Dario, mi marido, pensamos qué podíamos hacer desde casa porque precisábamos un sueldo más para poder vivir. Un día, un conocido nuestro nos contó que él hacía un tiempo ya que se había puesto una empresa que alquilaba inflables para niños y trabajaba en la provincia donde residía con eso. Me pareció buena idea y empecé”

Pero (y tomá nota porque aquí está la clave), para que algo funcione hay que saber diferenciarse del resto. Para lograrlo, Anabel se enfocó en un segmento. “Yo quería hacerlo sólo para Valladolid y abocarme a la gente que tal vez no tiene plata para hacerle el cumple al nene en un salón de fiestas ni tampoco tiene una casa inmensa o un gran parque.

Entonces, se me ocurrió hacer los inflables chiquitos para que entraran en una habitación, un patio o una terraza. Hoy tengo algunos de 2.50 x 2.50 metros y así quienes tienen espacio reducido y poca plata también pueden darle una linda fiesta a sus hijos”. De esta manera, desde 110 € las cuatro horas podés sumarle diversión al cumple de tus hijos y dejar a ellos y a tu bolsillo felices. ¿Algo más? Sí, de a poco Anabel se va ampliando en su camino hacia convertirse en una party-planner y, además de estos inflables, cuenta con una plaza blanda para los bebés y maquillaje artístico para las niñas.

Otro caso con claves para tomar nota: “El mejor consejo que puedo dar es que para que algo funcione, primero una tiene que estar contenta con lo que está haciendo, sentirse realizada con eso. Y después, si tu entorno fomenta o afirma que vas por buen camino, es la mejor señal”, recomienda Carla Bonfini, docente de Bellas Artes y dedicada desde hace ya dos décadas al rubro de la decoración, que incluye desde kits para recién nacidos (divinos, por cierto) que comenzaron con algunos para conocidos y luego el boca a boca hizo lo suyo, hasta muebles intervenidos o murales en las paredes de las habitaciones de los niños. “Empecé haciendo cosas para mi sobrino:murales en el cuarto, percheros, almohadones, de todo un poco, pero siempre pintando aunque a veces combino la pintura con algunas cosas de costura”, cuenta Carla.

Y continúa: “Cuando terminé la universidad, trabajé un par de años en docencia de arte de manera full time y de a poco fui trabajando menos y dedicándome más a los pedidos particulares que hacía desde casa”.

Así, lentamente, Carla fue creciendo, afianzándose cada vez más en su pequeña empresa (“mi emprendimiento es humilde”, asegura) y, casi sin darse cuenta, ya pasaron 20 años en los que, gracias a que trabaja desde su casa, pudo combinar a la perfección su rol de madre, esposa y emprendedora.

“Me gusta porque no tenés que rendirle cuentas a nadie más que a vos misma. Eso sí, generalmente trabajo todos los días, incluso los fines de semana, porque de a poco vas cediendo el tiempo y, al tener el taller en casa, se hace más difícil poner los límites”, advierte esta mujer que, además, hacia fines de año suele dedicarse a hacer disfraces infantiles (“sobre todo para los concerts de los colegios”), que manda a coser a un taller en Alicante y, de esa manera, ayuda con su granito de arena a quienes más lo necesitan.


Alguna vez has querido hacer meditación? aquí te dejo unos consejos que te ayudarán…

Alguna vez has querido hacer meditación para poder relajarte y  ver desde otro punto de vista la vida?Con mantras o sin ellos, en posición de loto o apoyada en almohadones, con los ojos cerrados o abiertos… Las técnicas son distintas, pero comparten un objetivo: traernos paz. Es mucho más fácil de lo que parece. ¿Te animás?

Encender sahumerios, sentarse con las piernas casi hechas un nudo cual contorsionistas, con ambas manos a los costados y el dedo índice y pulgar tocándose, con música suave de fondo y con el claro objetivo de poner la mente en blanco… ¡alto! ¡Meditar no es tan complicado! ¿Te imaginás que alguien puede hoy, en medio de esta vertiginosa vida, poner la mente en blanco? Mitos fuera: meditar no es poner la mente en blanco; más bien es casi todo lo contrario. La idea no es no pensar en nada, sino, según la técnica, dejar que los pensamientos fluyan pero sin enroscarse con ellos, o dirigir intencionalmente tus pensamientos hacia cierto recuerdo o sensación para provocar un estado armónico. Y no hace falta estar en un templo hindú para hacerlo ni en incómodas posiciones que sólo logran generarnos sensaciones extrañas en el cuerpo y convierten la concentración en algo imposible. “La meditación tiene que ver con transformar nuestra mente; lo externo no hace diferencia”, explica Kelsang Rinchung, maestra y monja budista de la tradición Kadampa. Enrique Loor, instructor de meditación del centro Brahma Kumaris, suma: “Las palabras ‘meditar’ y ‘medicina’ provienen de una misma raíz, que significa ‘sanar’. La meditación sana el alma y el alma no es una entidad separada de uno. Uno es el alma. La meditación trabaja en ese nivel, se ordenan las cosas de adentro hacia afuera y se producen cambios en el estilo de vida que son maravillosos”.

“Cada persona con la que hables te va a dar una definición diferente de la meditación y eso tiene que ver con cómo cada uno la entiende. Para mí es la desconcentración. Sería todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados desde que nacimos. La meditación es un estado más, igual que estoy despierto, durmiendo o soñando puedo estar meditando. No es algo ajeno a las personas, es para todos, y el ciento por ciento de la humanidad ya ha meditado sin saberlo”, explica Santiago Barrenechea, instructor de meditación de la Fundación El Arte de Vivir.

El mar de la calma

Básicamente, lo que logramos mediante el hábito de meditar es darle un respiro, un descanso, a nuestra mente. Hay estudios médicos que afirman que tenemos un promedio de sesenta mil pensamientos por día, algo así como uno por segundo. Cuando te sentás a meditar, si bien no ponés la mente totalmente en blanco, lográs que esas olas vengan cada vez más espaciadas, generando un mar más calmo, que es el que te permite tomar las mejores decisiones. Cuando estás en el medio de un tsunami, saltando olas para que no te aplasten, no podés pensar en nada más que en eso y no tenés la posibilidad de detenerte a evaluar cada situación y tomar la mejor medida. En cambio, cuando estás calma, con el panorama limpio, sin nada que barrenar, es más probable que puedas darte el lujo de nadar un poco e investigar en tu propio océano cuáles son las opciones que más te cierran.

En pocas palabras: al estar relajada, tu mente se vuelve a cargar de energía y eso se traduce en que te sentís mucho mejor, entonces tomás mejores decisiones porque tenés más foco y energía para concentrarte en lo que de verdad precisás. Y como si todo esto fuera poco, te sentís mucho más feliz.

“Los beneficios son infinitos. Por lo pronto, lo primero que nos promueve la meditación es a pacificar nuestra mente, que esté serena, libre de preocupaciones para que podamos experimentar la felicidad. Además, reduce el estrés y la ansiedad, y permite que disfrutemos de cada momento con más plenitud”, explica la monja budista.

Cómo, cuándo y dónde practicarla depende de vos y de la técnica que elijas. Acá te contamos tres bien diferentes; pero hay más, muchas más para seguir investigando y probando hasta encontrar la que te atrape.

El Arte de Vivir

La técnica que usan se llama “Sahaj Samadhi” (“Saha” significa “sin esfuerzo” y “Samadhi” es el estado de meditación). La idea es, entonces, llegar a la meditación de una forma simple.

Cómo: te sentás de la manera que te resulte más cómoda y donde quieras, pero con la espalda derecha y relajada. Cuanto más te acerques a la postura de loto, mejor. Cerrá los ojos y aceptá los pensamientos que aparezcan en tu mente. “Lo que resiste, persiste”, dicen en la Fundación. Por lo tanto, si te resistís a los pensamientos que van viniendo a tu mente, sólo lograrás que continúen allí. Aceptalos y dejalos pasar. “En la Fundación cada uno recibe un mantra propio (es decir, una vibración, un sonido, que se repite) y cuando te sentás a meditar y sentís que lo necesitás, lo usás. En el curso aprendés a hacerlo en el momento adecuado”, explica Barrenechea.

Cuándo: se recomienda hacerlo entre una y dos veces al día. Lo ideal es que la primera sea por la mañana, ni bien te levantás. No hay un lapso de tiempo estimado para meditar, pero con la práctica vas logrando habituarte cada vez más.

Clave: elartedevivir.org. Leete el apartado “¿Nuevo en la meditación?”. Además, en el buscador podés encontrar días y horarios de lugares donde se puede meditar gratuitamente en todo el país.

Budismo Kadampa

Para esta tradición budista, la meditación es la mente que se concentra en un objeto virtuoso (algo que tiene el poder de apaciguar los pensamientos, ya que concentrarnos en eso nos produce paz interior). Hay 21 objetos virtuosos, entre los que se encuentra el amor, y son la síntesis de las enseñanzas de Buda.

La meditación se presenta en dos tipos: una analítica y otra de emplazamiento. La primera es cuando contemplamos o estudiamos el significado de las enseñanzas espirituales; y la segunda es cuando, a través de esa contemplación, llegamos a una conclusión y nos concentramos en ella.

Cómo: una vez que calmaste tu mente a través de la respiración, te sentás en el suelo o en una silla, lo más cómoda que puedas, pero siempre con la espalda recta, las manos sobre tu regazo con la derecha sobre la izquierda y los pulgares de ambas tocándose y apuntando suavemente hacia arriba. La cabeza debe estar levemente inclinada hacia abajo y los ojos entreabiertos. Comenzás a meditar sobre alguna de las 21 virtudes: la preciosa existencia humana, la ecuanimidad, el aprecio de la bondad de todos los seres, el igualarse uno mismo con los demás, el amor que desea la felicidad a los demás… Por ejemplo, si elegís el amor que desea la felicidad de los demás, contemplás el aprecio de la bondad en todos los seres, comenzando por tu madre. Pensá cómo gracias a cada uno tenés hoy tu plato para comer, tu casa, los caminos para transitar, etc.; cómo si no fuera por la bondad de los demás no podrías hoy disfrutar de cada pequeña cosa. Y a medida que vas reflexionando sobre cada uno de estos seres y su bondad, vas entrando en estado meditativo hasta generar un sentimiento de amor.

Cuándo: cuando puedas. Idealmente, por la mañana.

Clave: meditarenargentina.org. Mirá el listado completo de los objetos de meditación virtuosos, y los libros para bajarte gratis.

Brahma Kumaris

“Nuestro punto de partida es que somos un espíritu encarnado en este cuerpo, que es el vehículo a través del cual nos podemos expresar”, explica Loor.

La meditación para Brahma Kumaris requiere concentración en determinados pensamientos que queramos generar. Es evocar registros que están dentro de nosotros vinculados con la paz. Al evocarlos, aparecen en la mente y hay que sostenerlos. La paz, el amor y la verdad son tres virtudes que, según esta escuela espiritual, todos tenemos, por lo que sólo basta con recurrir a ese registro para que emerja el sentimiento.

La técnica que aquí enseñan se llama Raja Yoga (‘Raja’ es ‘rey’ y ‘Yoga’ es ‘conexión’, por lo que es la conexión que nos vuelve reyes de nosotros mismos). Es un tipo de meditación que tiene en su esencia recuperar esa energía que está dentro del ser y activarla cuando uno lo desea. Primero tenés que saber qué querés cambiar de vos (si sos temerosa, ansiosa, etc.). Después, te sentás en un lugar cómodo con el cuerpo relajado, donde quieras y como quieras. Respirá, usando el método que prefieras. La meditación de este centro se practica con los ojos abiertos, pero al principio podés cerrarlos hasta acostumbrarte y así evitar distraerte. Una vez que estás relajada, buscá dentro tuyo el sentimiento que quieras generar (amor, paz, lo que sea), y empezá a realizar diferentes afirmaciones con ese objetivo, como “yo soy un ser de paz”, “yo soy un ser de luz”, “yo soy un alma amorosa”. Vas a ver que cuando llegues al décimo ya vas a empezar a sentir lo que estás afirmando. No es un mantra, así que no es necesario que repitas siempre lo mismo. Podés hacer diferentes afirmaciones, pero que apunten a un mismo objetivo, a generar un mismo sentimiento. También podés recordar momentos en los que te sentiste así.

Cuándo: cuanto más temprano a la mañana, más fresca está la mente. La meditación en ayunas es la más potente y te dura todo el día. La idea es que puedas hacer una cada dos o tres horas.

Clave: bkumaris.org.ar. Mirá las meditaciones para practicar online. También hay descargas gratuitas de libros y de cds con meditaciones guiadas.

Inhalar, exhalar…

En todos los casos, la respiración es un paso anterior y fundamental para poder calmar la mente y lograr la concentración. También aquí hay diferentes técnicas y tipos de respiraciones, pero lo importante es que te concentres en ella. Ya sea rítmica o no, focalízate en cómo el aire entra y sale por tus fosas nasales. De esa manera, la mente dejará de estar saltando del pasado al futuro y del futuro al pasado, y se situará en el presente, en el aquí y ahora. De a poco tu respiración se irá calmando y sentirás una relajación que te permitirá ir al siguiente paso: la meditación.


Llega un momento en que no aguantas a tus compañeros de trabajo?

Llega el momento en que no aguantas a tus compañeros de trabajo?Es lógico. Son muchas horas de convivencia con personas que no conocías, a quienes tal vez nunca elegirías para incorporarlas a tu vida, y con las que, además, tenés que interactuar y ponerte de acuerdo, aunque no quieras. Los compañeros de oficina son, sin duda, uno de los temas más recurrentes en los consultorios de todos los psicólogos, en las charlas de café con las amigas y en las cenas familiares. ¡A quién no le tocó la típica malhumorada que está enojada con la vida y se la agarra todos los días contigo! Esa que saca lo peor de tu carácter, que te da ganas de zamarrearla de las mechas, arrastrarla por el piso hasta dejarlo reluciente. Pero claro, si le dieras rienda suelta a tus impulsos, el resultado sería nefasto e injusto: a ti te echarían y a tu compañera no solo la dejarían en su puesto sino que la mimarían, le darían varios días de licencia por estrés y la tratarían entre algodones por algún tiempo.

En la mira

Siempre el conflicto tiene un disparador común: mezclar lo profesional con lo emocional. Cuando tomás todo en términos personales, ¡sonaste! “Cómo no tomarlo personal si siento que me está provocando, lo hace a propósito”, pensás. “Es una egoísta, no tiene en cuenta a los demás”, te resuena en la cabeza (y, dejame decirte, que tenés cierta razón, pero ¡no para los psicólogos!).

Otra cuestión que no ayuda a la feliz convivencia laboral es cuando en la empresa no hay pautas explícitas. El laissez faire en este caso no conviene. Eso de ser libres, apelar al sentido común y a la bondad que todos tenemos dentro (¡menos esa que se la pasa rompiéndote la paciencia en el trabajo!) no va. No nos sale, seamos francos. Cuando tenemos al que creemos que es motivo de nuestro problema delante de los ojos sólo queremos que desaparezca (y si podemos hacerlo desapa-recer nosotras, ¡mejor!) y nos olvidamos de toda la filosofía zen que nos jura y perjura que lo que va vuelve, la vida es un boomerang, y según la energía que enviemos, recibiremos. ¡Qué energía ni ocho cuartos! La única energía de la que queremos oír hablar es la de los voltios del enchufe que, con un poco de suerte, puede pegarle una patadita cuando quiera conectar la computadora y le haga, al menos, tener unas cuantas semanas de licencia.

Exabruptos y exageraciones aparte, los bajos instintos de cada una se despiertan y, a veces, por no convertirnos en asesinas, callarnos la boca y aguantar, terminamos explotando en casa, enfermándonos o, incluso, huyendo de la empresa. Pará la pelota ahí. Hay solución. Detectá a tu personaje molesto y resolvé el problema.

Transitá el camino positivo

  • Primero tenés que detectar tu malestar.
  • Luego hay que encontrar el problema que lo genera y definirlo objetivamente. Ejemplo: el asunto es el aire acondicionado (no que todos son unos tarados porque lo ponen a catorce grados). No personalices.
  • A continuación, compartí esto con el resto para ver si todos coinciden.
  • Una vez que conversaron, hay que pensar en conjunto las alternativas para definir una solución. Es muy importante ser respetuosos de lo que cada uno propone. En general, todos sabemos plantear problemas, pero no nos bancamos las alternativas de los demás porque queremos que la resolución sea solo como nosotros la imaginamos. Si te pasa esto es porque te desgastaste en la queja. Por eso, es fundamental que el proceso emocional (la queja) sea corto y que rápidamente pase a la solución.
  • Si después de resuelto el problema objetivo y puntual seguís sintiendo malestar, entonces estás ante un efecto emocional: no te sentís valorada o respetada, por ejemplo, pero eso nada tiene que ver entonces con el aire acondicionado o el olor a pescado.
  • Por último, es importante saber que las pautas se pueden redefinir todas las veces que sea necesario, pero hay que armarlas y desarmarlas en grupo.

La del aire acondicionado

Es un clásico. En toda oficina existe este problema. Que uno tiene calor y pone el ambiente a catorce grados; que al otro le agarra frío y no le alcanza ni con un jersey; que después me enfermo por tu culpa; que así no se puede pensar ni vivir… Nunca nos ponemos de acuerdo por la temperatura con la que nos agrada trabajar. Y cual menopáusicas pasamos del camperón de cuero con corderito al solerito de gasa y el abanico. La eterna discusión entre qué es más fácil o mejor, que haga frío y abrigarse o morirse de calor y abanicarse, se reproduce en cada oficina.

La solución: una vez descartada la opción de esconder el control remoto o cortar los cables del aire, es hora de sentarse a charlar. “Tengo la paciencia hinchada del aire acondicionado” no es el camino. Expresarse está bien, pero hacerlo de mal modo, no. Explicá que el aire te hace sentir mal, que comprendés el calor de los otros, pero que querés encontrar un modo de convivir sin que nadie la pase mal. No personalices, pero expresá lo que sentís. “Siento que no me toman en cuenta” es mejor que “ustedes no me toman en cuenta”. No des nada por sentado. Y una vez que las aguas bajen, encontrarán el camino. Tal vez puedas mudarte de escritorio a otro al que le dé menos directo el aire; o puedan pautar períodos de tiempo en el que el aire se enciende y se apaga; o una temperatura que no te hiele a vos, pero tampoco haga transpirar a otros.

El “niño” mimado

Hay dos estilos: los que se llevan todas las felicitaciones y premios porque realmente se los merecen, y los que se las llevan por buchones y chupamedias. Los primeros generan admiración (y envidia); los segundos, bronca. Es que a los workaholics podemos tolerarlos, pero a los que trabajan igual o menos que uno, pero simulan ante el jefe, o se lo ganan porque le cuentan todos los chismes de la oficina, le dicen quién llegó a horario y quién no, o qué se dice de él cuando no está, ¡ese no tiene perdón! Y de esos hay muchos. Parece que los venden con el mobiliario. Así como está la compu, la silla, el escritorio y el tachito de basura, de yapa viene el buchón.

La solución: Para los laburantes, no hay mucho que hacer. Si tenés envidia ponete a la par, laburá más y mejor y llegarás al podio. Y si no querés tener una vida dedicada al trabajo, entonces cambiá el foco. ¿Qué te importa lo que hace el otro? Lo importante es lo que haces tu y cómo te sentís con eso. Y para los buchones y chupamedias del jefe, también te queda ignorarlos. Lo primero es, por supuesto, detectar quién es la persona X e inmediatamente levantar murallas para que no sepa nada tuyo. No te dejes engañar. Suelen ser muy entradores, se hacen los amigos, hasta parece que cambiaron y ahora quieren ser amables y estar con vos, pero no: siguen siendo los mismos que sólo intentan nuevas estrategias para seguir chismoseando.