Que le pasa a los padres cuando sus hijos toman decisiones…

Mi padre se entristeció el día en que yo decidí marcharme a otro país. Llegó a sentir que toda la vida de esfuerzo y atenciones hacia mi no habían servido de nada. Pero logró superarse. Comprendió que su hija tenía que volar, si bien estoy casada con hijas, su “hija” se iba para siempre y quizás no volvería a verla más. Siempre que nombraban mi nombre y el de mis hijas, a mi padre se le escapaba algunas lágrimas, pero seguía pensando en que lo había abandonado, ya que en el pasado eramos muy compinches y hasta trabajamos juntos. Pero un día me escribió esta carta:

Querida hija: 

Tras la decisión de marcharte, confieso que me entristecí mucho porque me gustaría tenerte cerca de mí y que nada cambiara, para seguir igual que siempre. Desesperado te dije en el aeropuerto: “quiero una familia” porque te marchabas y ya no volvería a verte. Siempre que puedo, en el teléfono te he dicho: ¿cuando me volverás a visitar? ¿cuando volveré a verte? Pero he meditado mucho y me doy cuenta de que te toca vivir tu propia vida.

Te quiero y amo por encima de todo, y comprendo que siendo tu padre, ya he dejado de ser tu papá. Soy un adulto con una vida propia y un futuro por definir porque mi vida comienza en retroceso. Y tú, ya no eres mi niña, eres una adulta con una vida propia y un futuro, también por definir.

Ya por fin, somos adultos, libres e independientes. Ya no pesa sobre mí la responsabilidad de tu futuro hace tiempo y tampoco pesa sobre ti la responsabilidad de que yo sea feliz a través de ti y esté realizado como padre.

Tan solo cabe la expresión de la más sincera felicitación por tus decisiones, el deseo de que todo te vaya bien y darte mi bendición, querida hija. Vivi, te amo incondicionalmente, y si me necesitas, no dudes en contar conmigo, y si te necesito de ti, te lo haré saber. Un beso.

 

Si bien, hablábamos por teléfono o a veces cuando iba de visita a la casa de mi tía, a través de la cam nos podíamos ver, le costaba mucho y a mi también.

Pero decir «adiós» a un tipo de relación padre-hija en este caso, es posibilitar que otra nueva y más enriquecedora se haga presente. Sentir, ver y apreciar a nuestros hijos como personas mayores nos acerca hacia el entendimiento, la amistad, el respeto y la igualdad. Que no nos necesiten igual que cuando niños significa que nos quieren, probablemente, de un modo más profundo.

La labor como padres ha de cimentarse en un amor incondicional, dar apoyo sin que sirva para controlar. Debemos confiar sin manipulación y, después de largos años de hacer lo mejor que sabemos para su educación, dejarles marchar.


Que le pasa por la cabeza a una mujer que entra en los 40, 50 años y más también…

Llegas los 40, 50 años y más también y te preguntas: ¿qué me esta pasando?

Entre los 40, 50 años y más también, el cuerpo de la mujer sufre bastantes cambios, sobre todo debido a factores hormonales, eso lo sabemos todas. Comenzas a ver modificaciones en la piel, como la deshidratación o una pérdida de la elasticidad y el colágeno que son los responsables de la firmeza.

El resultado de estos trastornos hormonales es una piel menos luminosa, más frágil, quebradiza, seca y rugosa debido a la disminución del sebo. Las arrugas se vuelven más profundas y la piel del cuello y la parte inferior del rostro se vuelve más colgante. El tono también pierde uniformidad y aparecen manchas más oscuras en la piel.

En nuestro cuerpo también se muestran alteraciones, ya que el metabolismo se ralentiza, incrementando el porcentaje de acumulación de grasas. Es una etapa de la vida en la que se suele pecar de sedentarismo y si chicas, en la que empezas a notar la reducción de las capacidades funcionales asociadas al proceso de envejecimiento. Así,  en la mediana edad, la disminución de la masa muscular es mucho más pronunciada y esto, además, se acompaña de un aumento de la grasa intramuscular.

Debemos asumir la edad que tenemos, no acomplejarnos, tampoco competir con nuestras hijas que son jóvenes. Veo a muchas mamas que quieren vestir, pintarse y arreglarse como niña quinceañera porque ven que la juventud se les escapa de las manos

.El secreto para estar estupendas a partir de los 40, 50 años y más años es lucir la edad que tenemos con orgullo y respetar y seguir cuidando nuestro cuerpo con mimo. No dejes de hacer ejercicio, como un pilates suave, nadar o caminar, porque te mantendrá en forma y te sentirás mejor contigo misma y asi ayudarás a que la pérdida de masa muscular sea mucho menor.


Cuando sentís que el stress te esta agotando y no sabes como bajar un cambio

¿Sentís que la rutina, el stress te está envolviendo en su vorágine? Hay cosas que podés hacer para vivir una vida más plena y slow.

Seguí tus pálpitos

Si tenés un mal presentimiento como dirían los psicólogos, una “sensación de amenaza inminente”, no la ignores. Pará todo, tomá cartas en el asunto y transmutá. Para eso, hay tres cosas que podés hacer:

  • Respirá con ritmo constante para relajarte: inhalá por la nariz, retené el aire en la parte baja del abdomen y largalo de nuevo por la nariz contando cuatro tiempos cada vez. Repetí todas las veces que lo precises, y si es con los ojos cerrados, mejor.
  • Pasá del negro al blanco, jamás intermedio. Es decir, sé positiva, dejá de ver eso que te genera “mala onda” como una amenaza y fijate qué oportunidad podes aprender o aprovechar de esa situación.
  • Anticipate a todo lo que crees que podría pasarte si esa amenaza se concreta, estarías preparada y hasta podrías preveer posibles soluciones, lo que redundará en una mayor tranquilidad para ti.

Dale energía tu sueño

Cuando no descansás bien, sabes que te levantas con menos energía y si ya cambiaste el colchón, la almohada y la posición en la que dormís, es hora de probar con un poco de Feng Shui. Según esta técnica milenaria, en tu habitación no debería haber ningún artefacto electrónico que interrumpa tu cansancio. Es decir, nada de televisión ni equipos de audio o computadoras, así como tampoco espejos que te reflejen mientras estás acostada. Si tenés algo de eso, cambialo de ambiente porque son factores que te absorben la energía.

Comenzá a moverte

Hacé lo que quieras, lo que más te guste, pero asegurate de mover tu cuerpo, no sólo por un tema de salud sino porque así también estás renovando tu energía que si sólo estás sentada en una silla trabajando todo el día y ni siquiera te levantas por un café, te estancas ahí y empezas a quedarte sedentaria. No hagas eso circulá por la oficina, si estas en la casa o en la escuela, renová el aire, abrí las ventanas, sonreí. Por eso, cuando estés estresada –y cuando no, también– salí a caminar, corré, bailá o andá a una clase de gimnasia. Si no se te ocurre nada, encerrate en tu casa con la música que más te guste y dejate llevar, pero relajate, aprendé a desenchufar.

Hacé un balance

Te sugiero que te sientes en una silla con una hoja y un lápiz y calculá cuántas horas a la semana le dedicás al trabajo y cuántas al tiempo libre. Si tenés más de la primera que de la segunda, algo no funciona, no?. Los especialistas recomiendan tener bien balanceadas ambas áreas para regular el estrés. Empezá poco a poco: proponete bajar media hora de trabajo por día y sumarte la misma dosis de ocio.

¡Apagá el móvil!

Si eres ansiosa y tenés un smartphone, seguramente serás también adicta al trabajo. Hoy, los móviles con acceso a mails, internet y redes sociales hacen que la gente con trastornos de ansiedad y tendencia a trabajar más de la cuenta profundice su cuadro, provocando mayores niveles de estrés. Más allá de la terapia pertinente, obligate a apagar el teléfono o dejar la tablet en casa puede ser una solución. Proponete también acá hacerlo poco a poco: apagalo por media hora, después por una, y así hasta que logres darte cuenta de que si te desconectás de las obligaciones por un rato no se acaba el mundo.

El Silencio es Salud

En la sociedad de hoy, donde los estímulos están por todos lados, el silencio ya casi no existe. Si te animás a experimentarlo un poco cada día, incluso cuando todavía estás trabajando o cumpliendo con diversas obligaciones, notarás cómo los pensamientos se acomodan y clarifican solos, el ritmo de tu respiración se desacelera y podés pensar mejor y de manera más calma. Nadie te pide que te recluyas, pero desenchufarte del ruido por una hora al día puede convertirse en tu mejor aliado contra el estrés.

Consumí la naturaleza, el contacto con el verde o la playa es un sitio para liberar tus pensamientos

Aprovechá que empiezan los días lindos para entrar en contacto con el verde, plazas, parques. Caminar descalzo, abrazar un árbol o simplemente tirarse boca arriba en el césped a pensar en nada y dejar que el sol te abrace es una buena manera de recargar energía y transmutar aquella negativa en otra más positiva. Lo mismo si vas a la playa porque vivis cerca de ella, sentate en la arena con una estirilla, observá el mar, la gente que camina, deja tu mente libre de pensamientos

Visualizate

Este ejercicio podés hacerlo sola o combinado con otros que ya te propusimos antes, como el de la respiración y el silencio. Elegí un lugar piola o si no podés, cerrá los ojos en tu escritorio o en tu cama. Respirá en cuatro tiempos para bajar la aceleración e imaginate en algún lugar que te despierte sensaciones placenteras: una montaña, la orilla de un gran lago cristalino o en una playa. Sentí el contacto con la naturaleza: la arena bajo tus pies, la brisa, el ruido de los pájaros. Dejate llevar. Cuando sientas que ya estás renovada, volvé poquito a poquito a tu aquí y ahora.

Venga!!! vamos a mimarnos

¡Sí! Tomate un día para vos. Andá a un spa, a la masajista, a la peluquería o simplemente hacete un buen baño de inmersión en casa. Muchas veces, la angustia y la ansiedad están relacionadas con que sentimos que nunca nos podemos ocupar de lo que realmente nos gusta; por hacer todo rápido, nos olvidamos de lo importante, nuestro tiempo,dedicarnos a nosotras. Así que, cuando te sientas estresada o antes de sentirte así, tomate un día entero para ti, para mimarte y sentir que ahora sí podés enfrentar los retos de la vida, porque ya no tenés pendientes contigo misma.

Cuidá lo que tomás

Si estás nerviosa, evitá el té y el café, sobre todo a medida que se acerca la hora del descanso. Preferí, en cambio, infusiones que te ayuden a relajarte como el tilo o la manzanilla, el té verde no solo te ayudará a no tener ansiedad de devorarte todo, sino que actúa como relajante también. Además de ser ricos, te bajan unos cuantos cambios.

Respirá

No como lo hacés desde que naciste, sino en forma consciente. Aprendé a serenarte, respira lento, calmado, no te precipites, sino seguirás con temas de ansiedad y estrés.